Tal cual son nuestras acciones, realizadas en el mundo sin tener alguna noción de los efectos, y menos aún, de las consecuencias de eso que hacemos.
Si actuásemos en forma reflexiva, ciertamente, nuestras acciones tendrían los mejores resultados.
Sin embargo, nos escudamos en la supuesta tolerancia que debe tener el mundo hacia nosotros, de ese supuesto deber del mundo en respetar mis acciones, sin considerar que somos parte de ese mundo, y que aquello que esperamos venga a nosotros, lo que consideramos que es nuestro por derecho, es también lo que pertenece al otro ser humano que está frente a mí, que se encuentra alrededor, y de quien espero acepte sin más lo que yo, literalmente, le estoy arrojando a la cara.
Así las cosas, nos comportamos terriblemente como miembros de una familia, desconociendo en gran medida lo que "ser familia" quiere decir, y mucho menos representa.
Actuamos como villanos en nuestra comunidad, simplemente porque "somos mejores" que aquellos que hacen daño a mansalva, irrespetan abiertamente las leyes, arremeten contra mis y sus vecinos, y nos justificamos porque "al menos, todos nos conocen desde siempre, y saben que yo antes no era así". Nos dejamos seducir por el engaño, la apariencia, la envidia y el resentimiento generado por la acción incomprendida de otro que pudo afectar nuestras vidas, o simplemente dejó abierta la oportunidad de "darme cuenta" de algo que había desconocido.
Juzgamos a la ligera y criticamos duramente las acciones del prójimo, sin detenernos a pensar qué haríamos nosotros si estuviésemos en su lugar... Y es que se nos olvidó, o es que aún no hemos sabido, lo que es ponerse en el lugar del otro. Aunque, también puede suceder, que justifiquemos las acciones injustas, desproporcionadas, del otro, argumentando que "sabemos" por lo que está pasando, y que, si estuviésemos en su lugar, seguramente actuaríamos igual. Vale aclarar que esta postura por lo general, desde mi perspectiva, la exhiben quienes no son afectados directamente por la acción desmesurada de aquel a quien justificamos.
Cuando llegamos a la fuente, las condiciones están dadas para que comencemos a estar conscientes de cómo y quiénes hemos sido hasta ese momento. Como dice el adagio, cuando el alumno está listo, aparece el maestro. El primer maestro es el otro ser humano que me mostró lo que no me gusta, que se comporta como no me gusta, a quien critico lo que no me gusta. Luego es la confrontación con el "yo", con el ego, con la rebeldía del que piensa que está en lo correcto, y el mundo está equivocado. Posteriormente, comienza ese discipulo a percibir lo que es incongruente en su proceder, sentir y pensar. El "momentum" se hace presente. La hora de actuar está a tu alcance.
Y todo dependerá de la decisión que tomes.
Fotos realizadas por Graciela Guzmán.